
Luego se acostó debajo del arbusto y se quedó dormido. De repente, un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate y come» 1 Reyes 19:5
El profeta Elías, tras su gran victoria en el Monte Carmelo, cayó en depresión que le produjo desaliento físico y mental extremo, aislamiento por lo que huyó al desierto y hasta quiso morir: «¡Basta ya,SEÑOR! Quítame la vida» 1 Reyes 19:4. La Biblia registra como varios de sus siervos, independiente de su gran fe y fidelidad para con Dios, experimentaron episodios de profunda depresión, tristeza, desánimo y angustia extrema.
Ana, en medio de su profundo dolor y frustración por ser esteril, se deprimió, al igual que Elías perdió el apetito. Le dijo su esposo Elcana: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿porqués estás afligida? 1 Samuel 1:9. Job, debido a la pérdida de su familia, bienes y salud lo llevaron a una depresión tan profunda que maldijo el día en que nació Job 3:1. David, rey de Israel, expresó su dolor y desesperación, diciendo:» Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Salmo 42:3
En este pasaje, el ángel no le dio a Elías una visión, ni le explicó las Escrituras, ni hizo nada extraordinario. Simplemente le dijo que hiciera algo muy común: «levántate y come». Si nunca nos sintiéramos deprimidos, no estaríamos vivos; y no tendríamos capacidad para la felicidad ni la alegría, porque solo los objetos inanimados no se deprimen. Hay cosas en la vida que están diseñadas para deprimirnos; por ejemplo, las relacionadas con la muerte. Siempre que te examines, ten en cuenta tu propensión a la depresión.
Cuando el Espíritu de Dios viene a nosotros, no nos da visiones gloriosas, sino que nos dice que hagamos las cosas más sencillas imaginables. La depresión tiende a alejarnos de lo que es usual y corriente en la creación de Dios. Pero cuando Dios interviene, su inspiración es que realicemos las cosas más sencillas, aquellas en las que jamás hubiéramos imaginado que Dios está presente, pero al hacerlas lo encontramos allí.
El impulso que nos llega de esta manera es una iniciativa contra la depresión, pero tenemos que dar el primer paso y darlo bajo la inspiración divina. Si efectuamos algo por nuestra cuenta con el fin de vencer la depresión, entonces la vamos a agravar. Pero si el Espíritu Santo de Dios nos guía de manera intuitiva a hacer algo y lo hacemos, la depresión desaparece. Sí, Tan pronto nosotros nos levantamos y obedecemos, entramos en un nivel de vida superior.-Oswald Chambers