En tu mano están mis tiempos

«¡En tu mano están mis tiempos!» Salmo 31:15

Si mis tiempos están en tus manos, porque me preocupo y siento temor. ¡Esa gran, amorosa y poderosa mano mantiene todos los acontecimientos de mi vida sellados y seguros en su todopoderoso abrazo! Solo Él, mi Creador y mi SEÑOR, puede permitir que me sean revelados como su voluntad para mí.

¡Qué plan tan compasivo y misericordioso! Cuán perfectamente preparado para cumplir esa dulce promesa de su Palabra: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado» !Si creyéramos plenamente en esto, estaríamos completamente libres de la preocupación que corroe y atormenta la vida diaria de tantos cristianos profesantes.

«Mis tiempos». No solo una o dos épocas importantes de mi historia, sino todo lo que me concierne: alegrías que no esperaba. Dolores que me habrían aplastado, si se hubieran podido prever, sufrimientos que podrían haberme aterrorizado por su crudeza, sorpresas que el amor infinito me había preparado, servicios de los que jamás me habría imaginado capaz… Todo esto estaba en esa mano poderosa, como parte de los propósitos de la voluntad eterna de Dios para mí.

Pero, a medida que se han ido desarrollando gradual y silenciosamente, ¡cuán grande ha sido el amor que ha aparecido, envolviéndolos y arropando a cada uno de ellos! ¡Alma mía, mira cómo las alegrías y los consuelos han superado las cruces y las aflicciones! ¡Se han dispuesto, ordenado, emprendido y realizado todas las cosas de tal manera en nuestro favor, que no podemos sino maravillarnos de la bondad y la sabiduría de Dios, al disponer desde su amada mano todos los «tiempos» que han transcurrido sobre nosotros!

Si estás de acuerdo conmigo en todo esto. Entonces te ruego que lo apliques a tus circunstancias actuales, por oscuras o difíciles que sean. ¡Vienen directamente de la mano de tu Padre y son Su voluntad para ti! «Sabemos que Dios dispone Todas las cosas para el bien de quienes lo aman, de quienes son llamados conforme a su propósito» Romanos 8:28. -Susannah Spurgeon

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