
«Pues nosotros por el Espíritu, aguardamos por fe la esperanza de justicia» Gálatas 5:5
Hay momentos en que todo me parece muy oscuro, tan oscuro que tengo que esperar incluso para tener esperanza. Ya es bastante malo esperar con esperanza. Un cumplimiento largamente postergado conlleva su propio dolor, pero aguardar la esperanza, no ver ni un atisbo de perspectiva y aun así negarse a desesperar; no tener más que la noche ante la ventana y aun así mantenerla abierta para posibles estrellas; tener un vacío en mi corazón y aún así permitir que ese vacío no sea llenado por ninguna presencia inferior:
Esa es la paciencia más grande del universo. Es Job en la tempestad; es Abraham en el camino a Moriah; es Moisés en el desierto de Madián; es Jesucristo en el Jardín de Getsemaní. No hay paciencia más resistente que la que «se mantiene firme como viendo al invisible»,Hebreos 11:27; esto es aguardar por fe la esperanza.
Tú has hecho hermosa la espera; has hecho divina la paciencia. Nos has enseñado que la voluntad del Padre puede ser recibida simplemente porque es Su voluntad. Nos has revelado que un alma puede ver más que tristeza en la copa y, sin embargo, negarse a soltarla, convencida de que el ojo del Padre ve más allá del suyo.
Dame este poder divino tuyo, el poder de Getsemaní. Dame la fuerza para esperar la esperanza misma, para mirar desde la ventana donde no hay estrellas. Dame la fuerza, cuando la alegría que se me presentó se haya desvanecido, para permanecer invicto en medio de la noche y decir: «Quizás a los ojos de mi Padre aún brilla». Alcanzaré la plenitud de la fortaleza cuando haya aprendido por medio del Espíritu a aguardar por fe la esperanza. — George Matheson
Esfuérzate por ser uno de esos pocos que caminan por la tierra con una conciencia siempre presente; todas las mañanas, mediodías, noches que lo desconocido que los hombres llaman Cielo está «muy cerca de la escena visible de las cosas». C. Cowman