Jesucristo levantado para nuestro beneficio 

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:14-15

En Cristo no solo hay suficiencia, sino redundancia desbordante. Él no resulta dulce hasta que sentimos que el pecado es amargo, no es descanso para nosotros hasta que el pecado supone una carga. Hemos de mirar al pecado con un ojo penitente y a Cristo con un ojo de fe. Lloremos por el pecado que mató a Cristo, pero tengamos esperanza en el Cordero Inmolado que quita el pecado del mundo.

Si estamos en Cristo mientras vivimos, iremos a Cristo cuando muramos. La unión es la base de este privilegio, por eso debemos estar en Cristo antes de poder estar con Cristo. Su plenitud es como la luz en el sol. Habita allí y nunca deja de estar. Las riquezas de la deidad están en Él y, lo que satisface el alma, es la comunicación de esta bendita plenitud.

El SEÑOR es una bendición que es imposible abarcar. Cualquier cosa que Dios pueda requerir o que podamos necesitar para salvación, se encuentra en Cristo. Su nombre es la música más dulce para el oído de un cristiano y su sangre es el bálsamo más precioso para el corazón. Él murió para nuestro beneficio, sufrió para que podamos reinar. Colgó de la cruz para que podamos sentarnos sobre el trono. Su crucifixión es nuestra coronación.

Cuando Cristo murió, las rocas se partieron. Por eso, no verse afectado por su amor al morir, es tener un corazón más duro que una roca. El amor del Padre nos lo envió, y el propio amor de Cristo hizo que se encarnara. Asumió nuestra naturaleza humana. Esto fue una obra maestra de sabiduría y un monumento a la gracia. La plenitud de la deidad sería terrible de contemplar, no podríamos verla y vivir, pero Jesús, al vestirse con humanidad, hace que contemplar la naturaleza divina sea hermoso y agradable.

Cristo endulza todos nuestros consuelos y santifica todas nuestras cruces. El pan satisface, y también Jesucristo, el Pan de vida, satisface el alma. Satisface la mente con confianza, el corazón con afecto. La conciencia con paz. El mendigo puede contemplar la gloria de un rey y no estar feliz, pero la gloria del SEÑOR será nuestra. Seremos semejantes a Él. -Thomas Watson

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