
«Y estaba allí Ana….y no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones día y noche» Lucas 2:36- 37
Uno de los aspectos más difíciles de la oración es perseverar cuando parece que Dios no responde. También nos vemos tentados a desanimarnos por las aflicciones y dificultades de la vida. Pablo y Bernabé fortalecieron a los discípulos, animándoles a perseverar en la fe y diciéndoles: “ Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios», Hechos 14:22
Ana hacía oraciones día y noche, porque la oración debe ser el hábito natural de nuestras vidas, la atmósfera en la que vivimos constantemente. La oración es mucho más que las palabras de nuestros labios; son los deseos de nuestro corazón, y nuestro corazón anhela constantemente a Dios, incluso si nunca pronunciamos una palabra. Por lo tanto, orar siempre significa tener deseos tan santos en nuestro corazón, conforme a la voluntad de Dios, estar constantemente en comunión amorosa con el Padre, suplicándo su bendición.
Daniel tenía por costumbre orar tres veces al día, incluso sabiendo que eso podría costarle la vida en el foso de los leones. David oró sin cesar: Mañana, tarde y noche clamo en medio de mi angustia, y el Señor oye mi voz. Salmo 55:17. La oración es la mayor contribución que podemos hacer en estos tiempos críticos, dediquemos tiempo a orar, a orar de verdad. Que haya oración al amanecer, al mediodía, al atardecer, a medianoche, durante todo el día.
Cuando estés cansado de cuerpo y alma, agobiado por muchas preocupaciones, cuando el trabajo te esté exigiendo un gran desgaste, hazlo motivo de oración. Cuando estés desanimado, angustiado, hundido casi en la desesperación, recuerda que el SEÑOR vendrá en tu ayuda, si lo conviertes en un motivo de oración. Y cuando estés perdido en el intrincado laberinto de este mundo, cuando la vida parezca un asunto sin esperanza, encontrarás una guía para todos tus caminos. Si lo conviertes en un motivo de oración.
La oración persistente es uno de los grandes preventivos y antídotos de Dios para la fe que flaquea y el debilitamiento de nuestro corazón en este mundo de maldad en el que vivimos. La oración es el clamor del alma llena de impotencia, a un Dios que es capaz, un Dios que puede hacer lo que el hombre no puede. ¡Oh Jesús, por quien venimos a Dios, la Vida, la Verdad, el Camino! El camino de la oración Tú mismo lo has recorrido: ¡SEÑOR, enséñanos a orar! Amén.