El Espíritu Santo todo lo revela

Pero Dios nos las reveló por medio de su Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 1 Corintios 2:10

No hay oscuridad que el Espíritu de Dios no pueda disipar, ni dificultad que no pueda eliminar, ni parte de la palabra que no pueda explicar. Todo lo necesario para tu salvación se revela en la palabra, todo lo que se puede conocer de Jesús se descubre allí; y todo esto el Espíritu Santo está dispuesto a revelarte. Él es quien guía a Jesús; y al ser revelado aparece lleno de amor y perdón, a quien como el hijo pródigo regresa con arrepentimiento y humildad y busca refugio en Su corazón.

El Espíritu Santo está dispuesto a instruirte. Cuando ve a alguien oprimido por la culpa, se apresura a aplicar la sangre redentora de Jesús. Si ve a alguno cansado de su trabajo infructuoso; sella la promesa de Jesús en el corazón: «Vengan a mí todos los que están trabajados y cargados, y los haré descansar». Si ve que luchas contra la tentación, el miedo, acosado por las dudas, la enfermedad y la debilidad; ¡Cuán dispuesto está Él a mostrarle a esa alma dónde reside su gran fortaleza, consuelo y gracia, en la plenitud de un Salvador amoroso, precioso y todopoderoso!

Entonces en el nombre de Jesús, busca este glorioso don de Dios, como un Espíritu que da vida, que te da a conocer a Jesús, que te guía a las profundidades de la Palabra de Dios, que te santifica profundamente, que te imparte el amor, que te conforta en cada tristeza, que fortalece la vida divina en tu alma, que es para ti la garantía y el sello de la gloria eterna. Dios conoce Su propia obra en tu corazón; y no solo la conoce, sino que la reconoce; y no solo la reconoce, sino que se deleita en ella.

Tu fe puede ser débil, tu fuerza pequeña, tu gracia escasa, tu conocimiento limitado, tu experiencia deficiente; sin embargo, si por el Espíritu Eterno has sido guiado fuera de ti mismo, para refugiarte en Cristo, eres uno por quien Dios se regocija con gozo. Hermosa a Sus ojos, y querida a Su corazón, es esa señal de santidad en tu alma. Qué es el producto de Su propio poder, el germen de Su propia gracia, el fruto de Su propio Espíritu, el contorno de Su propia imagen.

Él jamás despreciará tu alma purificada. Que has puesto sobre Su altar como el más rico y mejor sacrificio ¡Eres ofrenda rica, costosa y aceptable! ¡Sí, Él se deleita en ti! Pide, y recibirás una enseñanza más completa y la unción del Espíritu Santo. Al poseerlo, tu camino a la gloria brillará cada vez más hasta el día perfecto. «Si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre Celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!» -Octavius Wislow

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