FEBRERO 15

"Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día". 2 Corintios 4:16

El “hombre interior” es el alma, la parte inmortal en la que Cristo viviente mora por medio de la fe. Por "hombre exterior", Pablo evidentemente se refiere al cuerpo.
Cada momento de tu aflicción tiene sentido. Tiene un significado. Está produciendo, causando y trayendo algo glorioso. No es algo que el mundo pueda ver, piensan que el sufrimiento no tiene sentido, y tú te ves tentado a pensarlo también. Piensan que no produce nada bueno o algún bien. Así es como se siente cuando estamos centrados en las cosas que se pueden ver.

Pablo responde a la promesa de Dios de que ninguna parte de tu dolor está carente de significado. Todo está preparado, obrando o produciendo algo: Un eterno peso de gloria, una gloria especial para ti, por causa de ese dolor. "Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria , al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que No se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas". 2 Cor.4:17-18 Estas dos verdades gloriosas son la base para no desmayar, es lo que Pablo dice precisamente en el verso de nuestro interés: "Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día".

Esto no significa que finjamos que nuestras aflicciones no lo son. Los problemas son problemas y el dolor es dolor. Las heridas son heridas, y el poner la eternidad en perspectiva no hace que nuestros sufrimientos en sí mismos sean menos dolorosos. Pero si calma nuestras almas para aceptar el dolor de forma adecuada. A la luz de la eternidad y la impactante e indescriptible magnitud de la gloria por venir, "por tanto, no desmayamos". Mirando lo que dura la eternidad, nuestro dolor solo es momentáneo. A la luz del peso glorioso del cielo, nuestras aflicciones son ligeras. A la luz del gozo venidero, nuestro dolor un día se verá como casi insignificante, excepto por el hecho de que obró para nosotros la gloria eterna que entonces disfrutaremos, cada vez más y para siempre.-David Mathis "Por tanto no desmayamos"

Aprendemos que el cristiano puede, por la fe, obtener fuerza diaria para contrarrestar, incluso el momento de más presión y soportar todo. Por eso, dice Pablo: "no mirando las cosas que se ven; sino a las cosas que no se ven". Con la decadencia diaria de lo exterior, vino la renovación de lo invisible y espiritual. Es sólo en la medida en que nos conformamos con los sufrimientos y la muerte de Cristo que comenzamos a darnos cuenta de la plenitud de lo que Él es y de lo que Él puede ser o hacer a través de nosotros.

Aunque todas las aflicciones en su naturaleza, son en sí mismas malas; y obran para mal a quien está desprovisto de Cristo: pero a través del Pacto de gracia en Cristo; para el pueblo del SEÑOR, el Espíritu Santo ha hecho que se proclame en sus Escrituras que "Todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios; a los que son llamados según este propósito", Rom. 8:28. No olvides que un hijo de Dios debe ser, en última instancia, un ganador de cada aflicción, cuando esta es santificada. Debemos hacer frente al desgaste de la prueba, mediante la renovación constante en una relación secreta con Dios. "Por tanto no desmayamos", pues si se derrumba el tabernáculo del cuerpo, esto es, "el hombre exterior"; sin embargo, "el hombre interior" se renueva día tras día, y solo verá más del cielo....

Deja un comentario