FEBRERO 16

"¡Marcha, oh alma mía con poder!" Jueces 5:21

Esta es una nota del cántico del guerrero. Es el grito jubiloso de la victoria cuando la batalla no era simplemente por Israel sino por Dios. Es el cántico de Débora y de Barac; un cántico inspirado por el Espíritu Santo; un canto de la tierra, pero sin duda respondido en el cielo. Es el cántico de aquel que en la debilidad "se ha fortalecido en el SEÑOR y en el poder de su fuerza" Ef.6:10. Podemos decir que lo pronunció Abraham al regresar de la matanza de los reyes; Moisés cuando vio derrocado a Faraón; Josué cuando conquistó Amalec; David cuando mató a Goliat. Es el cántico de triunfo de Cristo cuando murió, y exclamó: "Consumado es" Jn. 19:30; o más aún cuando resucitó de entre los muertos; o más aún cuando "ascendió a lo alto, llevando cautiva la cautividad".Ef.4:8

Es el cántico de los apóstoles el día de Pentecostés, cuando, con el poder del Espíritu, vieron a tres mil salvos; y es el cántico de los apóstoles dondequiera que fueron predicando el Evangelio en Éfeso, Corinto, Colosas o Roma, ese Evangelio maravilloso, demostrando ser poderoso en sus manos para derribar fortalezas y derribar enemigos. Debe ser el cántico de la iglesia en el día de su triunfo venidero sobre todos sus enemigos: sobre el Anticristo, sobre el mundo, sobre Satanás: ¡Marcha, oh alma mía con poder!

Este canto debe ser nuestro diariamente; de manera especial en ciertas temporadas y emergencias; al final de nuestros días en la tierra, de aquí en adelante, a lo largo de la eternidad, a medida que miremos hacia el pasado y comprendamos más plenamente nuestra propia impotencia, así como la grandeza de los poderes desplegados contra nosotros. ¡Cuán a menudo nos encontraremos repitiendo el cántico de la profetisa Debora: "¡Marcha, oh alma mía con poder!"

Esta es "una guerra gloriosa". Es contra enemigos internos, circundantes e inferiores; el yo, la carne, el mundo, pero especialmente, los principados y potestades del mal. Y "necesitamos poder de Dios para usar "las armas de nuestra milicia que no son carnales sino poderosas en Dios". No las armas sin poder, ni el poder sin armas, sino ambas. "Sé fuerte en el SEÑOR y en el poder de su fuerza". Nuestra suficiencia es de Dios; toda fuerza está en el SEÑOR. Necesitamos poder para llevar la armadura divina. La plenitud de Aquel a quien se le ha dado todo poder, está a nuestra disposición. No nos faltarán fuerzas en esta guerra.

La victoria está asegurada. Sí, nuestra mirada está fijada en la victoria desde el principio; "somos más que vencedores en Cristo". Apuntamos a la victoria diaria, apuntamos a la victoria final. Anticipemos el canto del guerrero del SEÑOR: "¡Marcha, oh alma mía con poder!". Todos los que vencen tienen su recompensa, suenan las palabras del SEÑOR: "Al que venciere", pero algunas victorias son más difíciles de conseguir. Vale la pena toda la lucha, sacrificio y dolor. Avancemos y apuntemos hacia una victoria completa y perfecta. Nuestro gran Capitán, Jesús, nos dice: "He aquí, vengo pronto, y mi recompensa conmigo" Apoc.22:12. Él viene con la corona de justicia, la corona de gloria en Su mano para los Suyos. ¡Si sufrimos, también reinaremos con Él! 2Tim.2:12- Horatius Bonar


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