No desmayes, ¡confía!

Hubiera yo desmayado, si no creyera que he de ver la bondad del SEÑOR en la tierra de los vivientes. Salmos 27:13

 Cómo se hunde el alma, enferma el corazón y flaquea la fe ante las duras pruebas y tribulaciones que llegan a nuestras vidas en tiempos de duelo y sufrimiento especiales. ¡Nos sentimos desfallecer!, decimos:  «No puedo soportarlo más, me estoy debilitando ante esta providencia. Pero ¿qué puedo hacer cuando estoy a punto de desmayarme? No puedes hacer nada. En tu desmayo, te apoyas en el hombro de un ser querido fuerte. Te apoyas con fuerza. Descansas. Te quedas quieto y confías.

Así sucede cuando nos vemos tentados a desfallecer ante la aflicción. El SEÑOR sabe que nuestra fuerza y valentía nos han abandonado. Y nos dice esta dulce palabra: «Estén  quietos y conozcan que yo soy Dios» Salmo 40:10. Un misionero siervo de Dios estuvo tan débil en los últimos meses de su vida, que le escribió a un querido amigo: «Estoy tan débil que no puedo escribir, ni leer la Biblia; ni siquiera puedo orar. Solo puedo quedarme quieto en los brazos de Dios como un niño pequeño y confiar». Tal era su sufrimiento físico y debilidad que solo pudo quedarse quieto y confiar.

Y cuando te sientes desmayar en medio de la adversidad eso es todo lo que Dios te pide. No intentes ser fuerte. Simplemente quédate quieto y reconoce que Él es Dios, que te sostendrá y te ayudará a superarla. Dios reserva sus mejores consuelos para nuestros momentos de mayor desesperación. Mantente firme, Él no te ha fallado. Él ha prometido esconderte bajo la sombra de Sus alas, Salmo 57:1; Y allí, estarás a salvo y seguro. -Charles Cowman 

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