
¿Acaso todo debe hacerse a tu manera? Es Dios quien decide qué hacer, y no tú; Job 34:33
Somos propensos a estar inquietos, a quejarnos de las dispensaciones de la Divina Providencia, y reflexionar duramente sobre cómo el SEÑOR nos trata. Queremos hacer las cosas a nuestra manera. Ser tratados como los favoritos de Dios. Queremos que nuestra comodidad, prosperidad y placer, sean consentidos en todo. Si nuestras voluntades se cruzan, si nuestros planes se ven frustrados, si nuestros propósitos se rompen. Entonces tropezamos, nos sentimos maltratados y buscamos que todos se compadezcan de nosotros.
En estas circunstancias, Dios viene a nosotros mientras estamos sentados con nuestras cisternas rotas, rodeados de nuestros ídolos destronados, y nos plantea esta pregunta: «¿Acaso todo debe hacerse a tu manera? ¿Eres más sabio que Dios? ¿Eres más bondadoso que Dios? ¿Eres más santo que Dios? ¿Eres tú más justo que Dios? ¿Estás mejor informado que Dios? ¿Acaso tu mente no es oscura, egoísta o necia? ¿Debería ser entonces de acuerdo con tu criterio?¿Tu deberías reinar o Dios?»
Recuerda que Dios actúa con la más alta sabiduría, Sus motivos son la gracia y la justicia, y todos sus propósitos son dignos de Él mismo. Lo mínimo que un cristiano puede hacer es someter sus caminos y preferir la perfecta sabiduría y obra de Dios. Dado que Él ha dispuesto todos los acontecimientos de tal manera que todo debe obrar para el bien de su pueblo, entonces debemos decir diariamente: «Padre, ¡hágase tu voluntad!».
¡Oh alma mía, busca la gracia de Dios, no solo para someterte y resignarte a las disposiciones de la Divina Providencia, sino para aceptarlas y complacerte en todas ellas! Tu bien está en manos de Dios; tus mejores intereses están asegurados. Pronto, muy pronto, verás que la infinita sabiduría, misericordia, gracia y bondad de Dios, han trazado cada paso de tu camino. Jesús te dice: «Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, pero lo entenderás después», Juan 13:7. – James Smith