
Me han abandonado a mí, la fuente de agua viva, y han cavado para sí cisternas rotas ¡que jamás pueden retener el agua! Jeremías 2:13
Dios reprendió al pueblo de Israel porque habían «olvidado» el poder que el SEÑOR les había mostrado al liberarlos de la esclavitud en Egipto y el amor que les había demostrado durante su peregrinación por el desierto. No tenían razón para apartarse de su fiel Dios del pacto. Los sacerdotes y demás líderes, en particular, debieron haberlo sabido y fueron los más culpables, Jeremías 2:8.
Los dos pecados fundamentales eran dos caras de la misma moneda. Primero, el pueblo había abandonado a Dios, «la fuente de agua viva», y segundo, habían cavado sus propias «cisternas rotas». Es decir, el pecado, los ídolos del corazón y los esfuerzos humanos en lugar de los de Dios. ¡Un camino es real, el otro es completamente inútil! Dejar a Dios en Cristo y confiar en el hombre son dos males que llevan a muchos a la perdición.
“Dios se describe a sí mismo como un manantial de montaña de agua limpia, fresca y vivificante. El único que puede satisfacer nuestras necesidades espirituales. La manera de glorificar una fuente como esta es disfrutar del agua, apreciarla, volver a ella una y otra vez, recomendarla a otros, obtener de ella la fuerza para amar y jamás, jamás, jamás preferir el mundo a esta agua. Así es como glorificamos a Dios, la fuente de agua viva. – John Piper
No busques propósito y sentido de tu vida en “cisternas rotas”. Solo Dios puede satisfacer tu corazón. Todo lo demás te engañará y te decepcionará. «El que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás», dijo Jesús. «Sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna»,Juan 4:14. Hay un manantial de agua viva que brota de las profundidades ocultas, que vierte en nuestros corazones y nos satisface a la vez que nos hace desear más. Inclínate y bebe.