Dios da gracia a los humildes

«Dios da gracia a los humildes» Santiago 4:6

Él da gracia a los humildes, porque ellos le dan toda la gloria. El trono más elevado que tiene en la tierra está en el corazón más humilde. A él le concede su presencia constante y le manifiesta su amor con la mayor plenitud: «Porque así dice el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, cuyo nombre es Santo: Yo habito en lo alto y santo, y también con el de espíritu contrito y humilde, para reanimar el espíritu de los humildes y vivificar el corazón de los contritos»  Isaías 57:15.

El Altísimo y Santo no establece su trono con los príncipes, ni otorga su honor a los sabios del mundo. Pero honra a los contritos y humildes. Se digna visitarlos; sí, se deleita en morar con ellos, y en ellos: el Altísimo por encima de todos los cielos, en los corazones más bajos y humildes. Allí comunica su amor más selecto y sus favores más ricos.

La verdadera pobreza de espíritu es necesaria, porque reconoce la necesidad que tiene de Cristo. ¡Feliz humildad!, por la cual el corazón, vaciado de sí mismo, se capacita para recibir la plenitud que proviene de Dios! Entonces se cumple la promesa: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos»  Mateo 5:3.  El reino de Dios está dentro de ellos y participan aquí de sus bendiciones y glorias, tan verdaderamente, aunque no tan perfectamente, como lo harán en el cielo.

Alma mía, medita en esta gracia divina. Ves su necesidad; ora fervientemente por ella y por más. El gran ídolo del YO debe ser destronado donde Dios reina. No puedes caminar con Él a menos que seas humilde de corazón. Y si has estado caminando con Él, aprenderás a detenerte cada vez que empieces a mirar al YO con admiración. Ruega, pues, al SEÑOR que te dé la verdadera pobreza de espíritu del Evangelio. Por lo tanto, si deseas tener mucha gracia en la práctica, ora por mucha humildad.

¡Oh Dios mío! Concédeme esta gracia, que a tus ojos es tan preciosa. Humíllame, para que pueda ser reanimado con tu presencia y refrescado diariamente con tu amor. Dame más humildad y prepárame para una comunión más íntima contigo. Derriba todo pensamiento orgulloso y permíteme descubrir que tú resistes a los soberbios, pero concedes mayor gracia a los humildes.- William Romaine 

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