
Por eso, si tu mano o tu pie te hacen caer en pecado, córtatelos y échalos lejos de ti; es mejor que entres en la vida manco o cojo, y no que con tus dos manos y tus dos pies seas arrojado al fuego eterno.Si tu mano o tu pie te hace pecar, córtalo y tíralo. Es mejor que entres en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, seas arrojadoen el fuego eterno. Mateo 18:8
Nuestra vida está tan llena de tentaciones y peligros que incluso sus mejores cosas pueden convertirse en obstáculos. Nuestras mismas fortalezas pueden transformarse en fuerzas fatales que nos conduzcan a la ruina eterna. La belleza humana es una bendición de Dios, y sin embargo, la belleza ha resultado ser una trampa para muchas mujeres, alejándolas de Dios.
El deseo desordenado de enriquecerse ha llevado a muchos a la ruina espiritual. «Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición»; 1 Tim. 6:9. Los que han convertido la adquisición de riquezas en el objetivo principal de sus vidas, caen en codicias que los hunden en la destrucción. Estos ejemplos ilustran lo que nuestro SEÑOR quiere decir cuando habla de «cortar» la mano o el pie que nos hace pecar. Los apetitos, los deseos son parte de la gloria de la humanidad; y, sin embargo, cuando se desatan, ¡han arrastrado muchas vidas a la destrucción eterna!
Un barco de vapor llegó a puerto tras haber estado mucho tiempo en alta mar. Un accidente había provocado la demora. Se acabó el combustible; entonces hubo que quemar todo lo que se podía arder —carga, provisiones, mobiliario— para poder llevar el barco a puerto. Finalmente, llegó a tierra, pero despojado de todo lo de valor. Aun así, era mejor quemar toda su carga y provisiones que perecer en el mar.
Algunos hombres pueden llegar al Cielo solo sacrificando todo placer terrenal y crucificando todo deseo pecaminoso; pero ¿quién dirá que la recompensa no vale el sacrificio? Mejor sería cortar una mano que robar o herir a otro. Mejor sería amputar un pie que llevar a uno al crimen o al pecado. Mejor sería arrancar un ojo que con su mirada lujuriosa encienda el alma. Un hombre en un barco naufragado haría mejor en arrojar sus bolsas de oro al mar y salvar su vida, que aferrarse al oro y hundirse en las olas. -JR Miller