
Después de Aod, surgió Samgar hijo de Anat, quien mató a seiscientos filisteos con una aguijada de bueyes, y así salvó a Israel. Jueces 3:31
Samgar, hijo de Anat, seguidor de Ehud, obtuvo una victoria decisiva sobre los filisteos y liberó a Israel. Samgar logró la liberación con un arma que parecía totalmente inadecuada para tal tarea; un instrumento despreciable, no un arma de guerra, aparentemente solo apto para guiar animales. Y nosotros tenemos una sola arma: La Palabra de Dios. Al usarla, la fe halla un arma donde el mundo solo ve necedad, «lo débil escogió Dios para avergonzar a los hombres». Es este instrumento, despreciado por los hombres, el que Dios usa para darnos la victoria. – Henry Rossier
La Palabra de Dios sirve tanto para atacar como para detener los ataques del enemigo. Así la usó Cristo en su tentación. Es la espada del Espíritu, porque el Espíritu de Dios la da y la inspira. Se necesita la ayuda del Espíritu para su uso e interpretación. Y no es simplemente la letra de la palabra. Debe ser «la espada del Espíritu», y por lo tanto una espada espiritual, que solo se puede tomar en la mano cuando se aplica con poder divino a nuestro corazón, y se convierte para nuestra alma en «espíritu y vida» Juan 6:63.
Hagamos, pues, uso de la Palabra que Dios nos ha confiado, recordando siempre que solo la fe puede hacerla eficaz, y eso, además, cuando el alma haya hallado en ella la comunión con Dios, el conocimiento de Cristo y, con ello, bendición, gozo y fortaleza. Nunca subestimes el poder de la Palabra de Dios. Guárdala en tu corazón y úsala con confianza y autoridad. Satanás no podrá resistir su furor.
***********************************************************