Nuestro futuro es del SEÑOR

No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué traerá el día. Proverbios 27:1

Nadie tiene la seguridad de lo que pasará en las próximas horas.  Hoy estamos vivos. Pero mañana podríamos morir y ser rápidamente olvidados. Por tanto, en cada acto y pensamiento, movámonos como si fuéramos a morir ese mismo día. Si tienes una buena conciencia, no temerás tanto. Es mejor evitar el pecado que temer a la muerte. Si no estamos preparados para ella hoy, ¿cómo podremos estarlo mañana? El nuevo día es incierto. ¿Cómo podemos saber que lo tendremos?

¿De qué nos sirve tener una vida larga si no nos corregimos? Ciertamente, una vida larga no siempre nos beneficia, sino que, por el contrario, añade a nuestra culpa. Muchos cuentan los años que han pasado en la fe, pero encuentran que sus vidas son poco  santas. Morir es aterrador, sin embargo, es posible que sea más peligroso vivir más tiempo. «¡He aquí, vengo pronto! Mi recompensa está conmigo, y le daré a cada uno según lo que haya hecho». Apocalipsis 22:12

Bienaventurado el que mantiene el momento de la muerte ante sus ojos y se prepara para él cada día. Muchos mueren de repente, sin esperarlo. Cuando llega el momento final, comenzamos a tener una opinión bastante distinta de la vida que ya pasó y sentimos remordimiento de haber sido tan descuidados e indolentes. Dichoso y prudente es el que intenta en la vida ser como quiere terminar en su muerte. -Thomas de Kempis «

El hijo de Dios no debe temer a la muerte, cuando ésta únicamente lo lleva a Cristo. Es un puente que conduce al paraíso de Dios. Es  para el hijo de Dios como el torbellino para Elías, que hizo caer su manto, pero lo llevó al cielo. Así mismo es para el cristiano verdadero: Como un viento fuerte que hace caer el manto de la carne (porque el cuerpo no es más que el manto en el que está envuelto el alma), pero lleva el alma a Cristo. ¡El día de la disolución del creyente es el día de su coronación! – Thomas Brooks  Que podamos decir con Pablo: «Porque para mi el vivir es Cristo, y el morir ganancia», Filipenses 1:21 ¡Amen!

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