
María y Aarón empezaron a hablar mal de Moisés, porque éste se había casado con una mujer etiope. Números 12:1
Extraña elección la de Moisés; pero ¡cuánto más extraña es la elección de Jesús, que es un Profeta semejante a Moisés, y mayor que él! Jesús, tan hermoso como el lirio, se ha unido en matrimonio con una que se confiesa negra, porque el sol ha quemado su piel. Cantares 1:6, es decir, con aquellos que se confiesan corruptos y manchados por el pecado.
Cada creyente, al ser lleno del amor de Jesús, debe también sentirse abrumado por el asombro de que tal amor se otorgue a un ser tan indigno y tan merecedor de la condenación eterna. Conociendo nuestra culpabilidad secreta, nuestra infidelidad y nuestra maldad de corazón; ¡Nos deshacemos en una profunda y agradecida admiración por la incomparable libertad y soberanía de su gracia!
Jesús debió encontrar la causa de su amor en su propio corazón. No pudo haberla encontrado en nosotros, pues allí no está. Incluso desde nuestra conversión, hemos estado manchados por el pecado; aunque la gracia nos ha hecho hermosos a sus ojos.¡Es la maravilla de los ángeles que el amor de Jesús se pose sobre nosotros perdidos y culpables!
Moisés se enfrentó a la oposición por su matrimonio, y tanto él como su esposa fueron objeto de críticas. Y no debe extrañarnos que este mundo vano se oponga a Jesús y a su esposa, su iglesia, cada creyente, ¡especialmente cuando grandes pecadores se convierten! Pues este es siempre el motivo de objeción del fariseo: «Este hombre recibe pecadores», Lucas 15:2. Aún se reaviva la vieja causa de controversia: ¡porque Jesús se casó con una etíope! -C.Spurgeon
ORACIÓN: «Esposo tiernísimo y fiel de nuestras almas, continúa tu obra misericordiosa de transformarnos a tu imagen, hasta que nos presentes incluso a nosotros, pobres etíopes, «sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante» Efesios 5:27.