Su Gracia provee generosamente

Él nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.” 1 Timoteo 6:17

Nuestro SEÑOR Jesús siempre da, y ni por un instante retira su mano. Mientras haya un recipiente de gracia que aún no esté lleno hasta el borde, el aceite nunca se detendrá. Él es un sol que siempre brilla; es el maná que siempre cae alrededor del campamento; es una roca en el desierto, que siempre envía corrientes de vida desde su costado herido; la lluvia de su gracia siempre cae; el río de su generosidad siempre fluye, y el manantial de su amor siempre rebosa.

Así como el Rey nunca puede morir, así también su gracia nunca puede fallar. Diariamente recogemos su fruto, y diariamente sus ramas se inclinan hacia nuestra mano con una nueva reserva de misericordia. Hay siete días de fiesta en sus semanas, y tantos como días, tantos son los banquetes en sus años. ¿Quién ha regresado de su puerta sin ser bendecido? ¿Quién se ha levantado de su mesa insatisfecho, o de su seno sin ser empadronado? Sus misericordias son nuevas cada mañana y frescas cada tarde.

¿Quién puede conocer el número de sus beneficios, o enumerar la lista de sus bondades? Cada grano de arena que cae del vaso del tiempo no es sino el lento seguidor de una miríada de misericordias. Las alas de nuestras horas están cubiertas con la plata de su bondad, y con el oro amarillo de su afecto. El río del tiempo trae de las montañas de la eternidad las arenas doradas de su favor.

Las incontables estrellas no son sino los estandartes de una hueste aún más innumerable de bendiciones. ¡Cómo puede mi alma exaltar a aquel que diariamente nos colma de beneficios, y que nos corona con amorosa bondad! ¡Oh, que mi alabanza fuera tan incesante como su generosidad! ¡Oh, que mi lengua publique alabanzas a Su nombre cada día! ¡Bendice alma mía al SEÑOR y no olvides ninguna de sus bendiciones! Salmo 103:2 -C.Spurgeon

Supongamos que tienes tus bodegas llenas de oro, te sentirías seguro ante cualquier necesidad o preocupación. Casi con toda seguridad, sí. Pero deberías estar aún más tranquilo, puesto que no tienes ni plata ni oro, solo la mano de tu Padre Celestial. -FB Meyer

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